El entrenador del Motagua dijo que podría ser que se diera el abrazo con Héctor Vargas el día del partido entre Marathón y Motagua para sepultar la polémica de los dos técnicos argentinos que se traen una pica de años

 

 

Por: Selvin Pineda, San Pedro Sula

Parece que la guerra no solo será en el campo entre marathones y motaguenses, parece que habrá otra desde las bancas, no quieren bailar tango juntos, de eso estamos claro, pero los milagros existen.

Es una pica de esas que pican de verdad, eso es lo que se tienen los dos entrenadores argentinos Héctor Vargas y Diego Martín Vázquez, ninguno quiere dar su brazo a torcer, ninguno quiere aclarar los malos entendidos.

Bueno, el sábado se verán las caras de nuevo en el Yankel Rosenthal de san pedro sula, no sabemos si habrá reconciliación o quedara más picante la cosa de lo que está.

Para el caso se le consulto al entrenador del Motagua Diego Martín Vázquez si va existir la posibilidad de darle un abrazo a su compatriota Héctor Vargas, para comenzar una buena amistad de profesionales.

¨Podría ser, no sé, me concentro más en el partido de mañana, estoy compenetrado tanto en este juego, que solo pienso en ello, la prensa siempre es mal intencionada, pone frases que uno no dice¨, expresó la ¨Barbie¨

La raíz del mal surge desde que Héctor Vargas dirigía a los Leones del Olimpia, hubo cruces de palabras entre Vargas y Vázquez, y el último recado que le dejó el entrenador de las águilas fue ¨No está a mi nivel¨.

Pero Héctor Vargas no se queda atrás, también le ha tirado duro a Diego Vázquez con frases groseras, pero tal parece que el estratega verdolaga de momento se quiere mantener al margen de la polémica.

¨No caigo en la trampa de él y de nadie, no puedo hablar de eso, hablemos de fútbol por Dios santo, háblame de eso mejor,  son cosas que pasan, tampoco voy agarrar del cuello a nadie, como lo hizo bolillo con pinto¨, dijo Héctor Vargas.

De acuerdo a la disposición del Marathón buscan que el argentino se centre más en su labor y preparación y que se mantenga al margen de la polémica o provocaciones del rival.

Bueno, parece un cuento de hadas, pero se espera al final del juego que los entrenadores argentinos se den el abrazo de la felicidad, o al contrario la pica que hay entre ellos los seguirá manteniendo distanciados.