«Soy feliz, no me quejo, es una de las decisiones más difíciles, pero que más me ha dado alegría», contó Castro, el exfutbolista y seleccionado nacional
Tegucigalpa, Honduras
Ángel Gabriel Castro, luego de pertenecer a varios clubes hondureños e incluso a la selección Sub-17 de Honduras, nunca se imaginó que cambiaría el balón por los estudios en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa, para formarse en la vida consagrada como presbítero de la Iglesia Católica.
Se formó en las reservas de Olimpia y en 2007 surgió como una de las grandes promesas blancas junto a Roger Rojas, Alex López y Luis Garrido. Además fue seleccionado nacional en categorías menores participando en los Mundiales Sub-17 en Corea 2007 donde tuvieron como rivales a España, Argentina y Siria. En ese mismo año fue parte de la selección hondureña que participó en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, enfrentando a Brasil en el estadio Maracaná, Ecuador y Costa Rica.

También formó parte de la Sub-20 en el Mundial de Egipto 2009, al mando de Emilio Umanzor, quedando en el Grupo F, junto a Hungría, Emiratos Árabes Unidos y Sudáfrica, debutando con triunfo de 3-0 sobre los húngaros.
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A sus 7 años empezó a sentir su vocación cuando hizo la primera comunión le preguntó a su madre que hacía un sacerdote y desde antes de entrar al deporte tenía la inquietud de ser religioso.
En 2015, tras la muerte de su abuela paterna, surgió nuevamente esa espinita que tuvo desde niño. Sin comunicarle a su familia, tomó la decisión de ingresar a través de la Pastoral Vocacional al Seminario Mayor nuestra Señora de Suyapa sabiendo que tenia que renunciar a todo, incluido el fútbol.

«El 2015 muere mi abuela y vuelve encender en mí esa llama que se encendió a los 7 años, seguía asistiendo a la iglesia y buscaba una excusa, una actividad, siempre algo para quitarme esa idea de ser sarcedote, trataba de evitarlo, pero de repente llega un sacerdote, el padre José del Carmen y me hizo una pregunta: ¿Querés ser sacerdote? Lo quedé viendo y respondí ¿yo padre? No creo que eso sea para mí, le dije. Pensalo y al siguiente fin de semana me respondes, me dijo».
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Entonces todas las noches analizaba esa pregunta, pensé que era de ir al Seminario y ya, pero le dije al padre, está bien», recordó el exolimpista. «El padre me consiguió el número de teléfono del encargado de la Pastoral Vocacional, me comunicó con él y así empieza mi Año de Discernimiento, no le conté a nadie, ni a mi familia».
En ese momento todavía jugaba fútbol con el Gimnástico en la Liga de Ascenso, «los sábados me iba a jugar, eso era todo lo que sabía mi mamá pero al final del año tenía que hacer el encuentro de compromiso y mantuve la decisión de no decirle a nadie».

«Mi sorpresa es que tuve un accidente en un partido amistoso contra Olimpia, me tocó operarme y al final por eso no pude hacer la misión, llamé a mis compañeros con quienes hicimos el año de discernimiento, ví que recibieron su carta y yo no, entonces me dije, no me aceptaron para el seminario y como no dije nada, nadie se dio cuenta».
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«En ese momento empecé a planificar un viaje a Estados Unidos para ir a trabajar y ayudar económicamente a mi familia, pero el 31 de diciembre me habla el padre Carlos Rubio y me preguntó si podía ir a la Catedral y le consulté para qué pero no me explicó», relató Castro.
Actualmente, Gabriel es encargado de la parte deportiva del Seminario Mayor y se siente feliz, porque pensaba que iba a olvidar el fútbol y al contrario todas las tardes está con los compañeros en actividad, si descuidar la parte espiritual, oración, Eucaristía, vida comunitaria y estudio.
«Estoy feliz con la decisión que tomé, dejé tanto para mucho más grande, no cambiaría lo que estoy haciendo por el pasado. Deseo ser sacerdote, porque quiero ser feliz, porque antes no sabía cómo llenar el vacío. Deseo ayudar a las personas en la parte espiritual y escucharlas», puntualizó en un reportaje hecho por el Seminario Mayor nuestra Señora de Suyapa.



